El día a día de los evacuados: donde reina la esperanza

3 ene. 2016

En Barranqueras, a pocas cuadras del acceso sur al Área metropolitana un puñado de familias ve su casa invadida por el agua y paciente, espera. Con 40º de térmica, en casillas de plástico y con precarias conexiones de luz y agua, cuatro evacuados contaron a NORTE cómo viven y resisten.

“En Año Nuevo comimos pollo gracias a la solidaridad de la gente”, agradece Cosme Gómez (59). Él es pescador y jefe de una familia de siete integrantes que se asentó del lado no seguro de la defensa. El río que antes le proveía de pescado para comer y vender, hoy le quitó el techo que él eligió para vivir hace 35 años.
Cosme y Noemí ayer mostraron a NORTE las condiciones en que viven.

¿No tiene otro terreno adónde ir? –“Sí, nos anotamos, nos prometen, pero cuando entregan viviendas siempre quedamos afuera”, se lamenta.

En la defensa armaron una vivienda con troncos de palmera, techo de chapas de cartón y paredes de plástico negro. Ayer con 40º de térmica permanecer en el interior era insoportable, por eso estaba sentado afuera, en una silla de plástico.
Mientras algunos la conexión a energía eléctrica les permite tener algunas comodidades; otros no tienen acceso ni a un electrodoméstico.
Mientras algunos la conexión a energía eléctrica les permite tener algunas comodidades; otros no tienen acceso ni a un electrodoméstico.


La tienda está divida en tres ambientes que habitan tres adultos y cuatro niños de 13, 11, 5 y 2 años. La tormenta del miércoles derribó un árbol muy cerca, tanto que pudo ser una desgracia. El tronco golpeó una esquina de la estructura aunque sin aplastar el techo del lado donde dormían los más chiquitos. De todas formas el viento y la fuerte tormenta provocó algunos daños “y nos llovió adentro”, agrega su esposa, Noemí Gómez. “Por eso necesitamos más chapas, que ya pedimos pero todavía no llegan”, apunta él.

En los cinco meses que llevan allí se abastecen de agua con una manguera que tiene una canilla en el extremo. Hay una de esas conexiones por cada dos o tres familias, provistas por una planta de Sameep en esa zona. Les sirve para todo: higiene personal, lavar ropa y utensilios.
Un chapuzón para aliviar el calor sofocante de ayer.

Para que tengan energía eléctrica Secheep también hizo conexiones especiales y seguras, pero en Navidad se interrumpió el servicio y la solución para esa familia llegó con una cuadrilla de Makallé. “Sabemos de una mujer que estuvo casi cinco días sin luz, hay cosas que demoran mucho en arreglarse”, aclaran.

Al lado, en una más pequeña vive su hijo, nuera y dos nietas: una tiene año y medio y la otra, ocho meses. Pasaron las fiestas con parientes de Río Bermejito y volverán cuando reúnan dinero para los pasajes. Por ellos y por sus hijos en su lista de prioridades están los alimentos que más consumen: leche y azúcar. Si bien agradecen la ayuda que llegó,señalan también que es dispersa y discontinua. Para las fiestas vino un camión municipal que trajo ayuda para un sector y no entregó nada a otro. Y en otra entrega tampoco le dejaron la bolsa de alimento que le correspondía a la familia del hijo porque el joven no estaba presente.
Uno de los animales de la zona que no sobrevivieron al aislamiento y la falta de comida.

El precario baño, también hecho de chapas de cartón, está enfrente, al otro lado de la defensa. Hace dos días Cosme mató una víbora que estaba junto a él. Su mujer aprovecha para pedir elementos de limpieza que ayuden a espantar a los bichos. “Cobro una pensión de 2.800 que no alcanza para todo”, aclara él.

El bombero
"Cacho" Winckler, el bombero que acompaña día a día a los evacuados.

Para muchos desplazados por la crecida del río el único rostro institucional que los visita todos los días y más de una vez por jornada es Cacho Winckler, de bomberos voluntarios de Barranqueras. Winckler tiene a uno de sus hijos compartiendo el mismo drama.

“Sabemos que bajó más de un metro, pero va a subir otra vez”, resume cuando se le pregunta qué novedades hay en las últimas horas.

El día que el Paraná alcanzó los 7,53 metros él y sus compañeros ayudaron a trasladar a decenas de familias del paraje Cinco Bocas. A los lugareños que se resistían a dejar un terreno que se fue aislando de a poco los sorprendió que el agua apareciera por otro sector en poco tiempo. “La mayoría de los evacuados fue a escuelas de Puerto Vilelas, hoy solamente se puede llegar por tierra a Tres Bocas”, agrega.

Winckler hizo varios recorridos por tierra y agua y vio muchas serpientes venenosas (yarará, cascabel, coral) y especialmente cambios en el comportamiento animal. “Parecen desorientados; las víboras, por ejemplo, que para aparearse se entrelazan, pero nunca lo hacen con las de otras especies”.

Fuente Diario Norte

 
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