25 nov. 2015

El fenómeno de “El Niño”



Los fenómenos geográficos y la actividad humana, muestran que la tierra se encuentra en permanente cambio, es decir, en permanente transformación, ocasionando consecuencias mediatas e inmediatas.

Llama la atención que desde el año 1790 en el océano Pacífico Sur, se producía y se produce la aparición de aguas cálidas procedentes de la región ecuatorial, cambiando y/o alterando las condiciones normales del océano Pacífico, resumidas en la existencia de aguas frías, con alto porcentaje de plancton y fitoplancton y con el desarrollo del fenómeno de upwelling, (que es el ascenso de aguas frías más profundas a niveles sub y superficiales), debido a la persistencia de vientos alisios que desplazan a las aguas superficiales hacia el nw.
El cuadro enunciado produce precipitaciones escasas en la costa chilena-peruana, caracterizada por la presencia de un desierto costero, debido a la subsidencia de vientos.
Los pescadores y los habitantes del Sur de Perú, también notaron que la aparición de la corriente marina cálida, aparecía próxima a la Navidad, razón por la cual la bautizaron Corriente de “El Niño”, produciéndose con una frecuencia aproximada de tres a cuatro años.
Con el desarrollo de la ciencia y de la tecnología se ha podido mejorar sustancialmente no sólo las mediciones de fenómenos geográficos, sino poder dar u ofrecer probabilidades de acontecimientos a suceder, siempre con márgenes de error.
Varios autores norteamericanos y europeos, sostienen que la corriente del niño produce efectos importantes en diferentes áreas del planeta, razón por la cual se denomina fenómeno del niño, abarcando u rango mayor de consecuencias.
La corriente del niño produce que la temperatura del océano Pacífico Sur aumente su temperatura, lo que provoca mayor evaporación y se genera una masa de aire cálida e inestable que se desplaza a altos niveles de la atmósfera, afectando en superficie a grandes regiones o áreas, donde se producen precipitaciones torrenciales, con aportes pluviométricos muy superiores a los registros normales (mensuales y anuales), en cortos períodos de tiempo y con la inestabilidad climática extendida en el tiempo.

Asimismo, se puede destacar que existen niños canónicos o normales y niños fuertes, como ocurrió en este último caso, en el año 1982/83, 1998 y con altas posibilidades que afecte el verano del hemisferio Sur 2015-2016.
Los niños normales se producen cada tres o cuatro años, pero y los niños fuertes lo hacen con una frecuencia más extendida.
Para conocer los datos que predicen el fenómeno del niño, se utilizan dos índices de medición. Una de ellos mide la temperatura de las aguas del océano (SST) teniendo en cuenta las aguas sub superficiales, y el otro método se denomina (SOI), relacionado a la oscilación del Sur.
Debe quedar claro, que el sistema de medición de las aguas superficiales va a mostrar algún tipo de calentamiento o no, y de acuerdo a los grados de calentamiento se define en “El Niño” muy débil, débil, moderado y fuerte.
En cambio, para obtener el índice de oscilación del Sur (SOI), se debe restar los valores de presión atmosférica media, obtenidos en el océano entre las localidades de Darwin en Australia y la isla de Tahití en la región de la Polinesia, y dividir el resultado obtenido por un valor anual.
Si los resultados obtenidos de la operación son negativos, es señal que se va a producir un Niño y si los resultados obtenidos son positivos, se va a producir el efecto frío, o sea, “La Niña”.
En ambos casos se trata de un reacomodamiento del patrón oceánico y del desplazamiento de áreas de alta y de baja presión en el océano, con la consecuente disminución de los vientos alisios en período de “El Niño”.
Los efectos que produce el fenómeno del niño no sólo se puede verificar en América, sino Europa, Australia, Sudamérica, etc., con efectos que van desde una sequía extrema como en el caso de Australia y Sureste de Asia, lluvias torrenciales en el Sur de los Estados Unidos, olas de frio en Europa y precipitaciones importantes en la región de la Cuenca del Plata y especialmente el Nordeste argentino.
Asimismo, es importante destacar, que las precipitaciones pronosticadas coinciden con la región de nacimiento de grandes ríos, como el Paraná y el Uruguay, y afecta sin duda alguna al sistema de represas brasileñas, que largan agua cuando levantan las compuestas de las represas.
También es significativo destacar, que las precipitaciones locales podrían agravar la situación, en virtud al exceso hídrico y los Esteros del Iberá y el pantanal de Xarayes en Paraguay tienen un papel importante, porque drenan agua de manera muy lenta.
Si tenemos en cuenta la provincia de Corrientes, se puede destacar que la zona o área de menor cota lo representa el sw provincial, coincidiendo con ciudades importantes, a lo que hay que sumar, que una parte importante de la población de las mismas, se ubicó en áreas de antiguas lagunas o bien en el valle de inundación del río Paraná.
La región más alta es el Nordeste de la provincia, y una zona de altura intermedia lo representa la meseta del Paiubre o de Mercedes con 110 metros sobre el nivel del mar, de donde fluyen ríos que desaguan en el Uruguay.
Si tenemos en cuenta el período de creciente del río Uruguay, las precipitaciones estivales en la alta cuenca regulan su caudal, a lo deberíamos sumar las precipitaciones locales y zonales en la provincia.
Por todo lo expuesto, si bien el estudio del clima admite la combinación de factores, es importante destacar que el fenómeno de “El Niño”, aumenta las vulnerabilidades, razón por la cual, es necesario conocer el fenómeno.

Fuente Diario Epoca

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